El desastre ha arrasado edificios, puentes y otras infraestructuras en esa remota zona del Himalaya muy frecuentada por montañeros y peregrinos. Las autoridades nepalíes afirman que hay dos españoles sin localizar.



Al menos 157 personas han muerto este miércoles en Nepal y otras tres en Tíbet, aunque se teme por la vida de cientos más, tras una violenta riada y deslizamientos de tierra en el corredor montañoso de Gyirong, fronterizo entre ambos países y usado por numerosos montañeros. El desastre se produjo hacia las diez y media de la mañana, hora china (seis horas menos en la España peninsular). Por ahora no está claro qué provocó esta tragedia ni dónde se originó, pero cobra fuerza la hipótesis de que pudo ser causada por el vaciamiento de un lago glaciar.
La policía nepalí ha recuperado hasta ahora 157 cadáveres en la zona del desastre. La Junta de Turismo del país afirma además que hay 384 viajeros —291 extranjeros y 93 nacionales— en una lista provisional de personas sin localizar. A ellos se suman al menos casi un centenar de miembros de las fuerzas del orden y 60 trabajadores de distintos proyectos hidroeléctricos. Las autoridades chinas han contabilizado al menos 265 personas desaparecidas, según el primer balance difundido por la televisión estatal china CCTV. Es decir, hasta el momento hay más de 700 desaparecidos.
Además, fuentes de Exteriores señalaron a EL PAÍS que “por el momento no constan españoles afectados”. Sin embargo, la agencia Efe, citando a las autoridades nepalíes, afirma que hay dos españoles que no han podido ser localizados.
Las imágenes de las cámaras de seguridad del lugar muestran la tragedia en cuestión de segundos. Decenas de personas corriendo, intentando escapar de la avalancha de agua y lodo que se llevaba por delante autobuses como si fueran de papel y destrozaba a su paso edificios, puentes y otras infraestructuras. Son esas imágenes desoladoras las que hacen pensar que el número de víctimas podría aumentar de forma importante.
“Nunca había visto una inundación así“, ha afirmado Girilal Budhathoki, un nepalí que resultó herido en la riada, al portal de noticias Online Khabar. Budhathoki ha contado que vio desaparecer a su esposa y cuatro hijos frente a sus ojos antes de que se perdieran en el deslizamiento. “Corrí hacia una esquina y logré sobrevivir, pero la corriente arrasó con el refugio en el que se encontraban”, ha agregado desde un hospital de la zona. “No tengo ninguna esperanza de que mi familia sobreviva”.
Entre los desaparecidos figuran, entre otros, 133 ciudadanos indios, 19 malasios, 33 británicos, 47 estadounidenses, 34 australianos, 24 canadienses, siete ucranios, seis singapurenses, seis sudafricanos y cinco japoneses, según EFE, citando fuentes nepalíes. Las autoridades locales insisten en que siguen comprobando esta lista, por lo que todavía no puede concluirse que todos hayan sido arrastrados por la riada.
La elevada presencia de extranjeros en esta zona se explica porque este corredor transfronterizo es el que usan los grupos organizados que viajan entre Katmandú y Tíbet, después de que otro paso quedara destruido tras el terremoto de 2015 en la zona. Por allí circulan las excursiones con destino a la capital tibetana, Lhasa, y al Everest, además de peregrinos que se dirigen al monte Kailash (uno de los lugares más sagrados del hinduismo, que lo considera la morada del dios Shiva) y al lago Manasarovar, cuyas aguas también son veneradas. El acceso a Tíbet está sometido a autorización china previa y no permite el turismo independiente. Por otro lado, en la vertiente nepalí, Rasuwa alberga también el acceso a las rutas de senderismo del valle de Langtang.
Dificil acceso
La riada ha provocado cortes en las carreteras e interrumpido las comunicaciones y el suministro eléctrico en esa remota zona del Himalaya, perteneciente a la prefectura de Shigatse, ubicada en la parte suroeste del altiplano tibetano. Según el Ministerio de Energía nepalí, alrededor de 430 megavatios de capacidad de generación se han visto afectados. La cifra equivale a más del 12% del total hidroeléctrico del país, de acuerdo con cálculos de Reuters.
El Gobierno nepalí ha desplegado al Ejército, la policía, equipos médicos y helicópteros, pero los daños en las carreteras y el elevado nivel del agua están dificultando las labores de rescate. Además, ha pedido a los habitantes de las riberas que se desplacen a terrenos elevados y han extendido la alerta río abajo, recoge Reuters.
Según medios locales chinos, una inspección con drones concluyó que todos los accesos al paso de Gyirong quedaron completamente destruidos. La cadena CCTV afirmó que 601 rescatistas y 113 vehículos participan en el operativo para llegar a la zona del desastre.
Pero algo antes de las ocho de la noche en la zona, unas 10 horas después del desatre, los equipos chinos se encontraban todavía a 1,5 kilómetros de Gyirong, separados de la zona afectada por una capa de lodo de aproximadamente metro y medio. Las lluvias también están complicando la situación y aumentan el riesgo de nuevas riadas y desprendimiento de tierras.
La catástrofe se produce apenas un año después de otro desastre ocurrido en el mismo corredor y que, según un estudio posterior, se debió a la rotura de un lago glaciar. La riada registrada en julio de 2025 en el río Bhote Koshi causó al menos 11 muertos en Nepal. Decenas de personas fueron dadas por desaparecidas a ambos lados de la frontera, sin que se publicara posteriormente un balance definitivo. Aquella inundación destruyó el Puente de la Amistad, la principal conexión terrestre entre Nepal y China, lo que interrumpió durante meses el comercio y el transporte fronterizos.
Hasta ahora no está claro qué desencadenó esta riada ni en qué punto exacto comenzó. El Departamento de Hidrología nepalí continúa investigando si también en esta ocasión pudo deberse al vaciamiento de un lago glaciar. El ministro nepalí de Exteriores, Shishir Khanal, explicó ante la Cámara de Representantes que, según las informaciones preliminares, un seísmo provocó un gran desprendimiento que bloqueó el río Bhote Koshi, que al desbordarse habría originado la riada.
Efectivamente, el Servicio Geológico de Estados Unidos registró a esa hora un temblor de magnitud 5,2 en territorio tibetano, pero posteriormente afirmó que en realidad la actividad sísmica se debió al deslizamiento de tierra provocado por la fuerza del agua.
Por su parte, el Ministerio de Recursos Naturales de China ha señalado que una posible avalancha en la cuenca de Donglin Sangro, en el lado nepalí, pudo desencadenar una sucesión de desastres, según CCTV. El organismo ha activado el nivel II de respuesta geológica y enviado un equipo de especialistas, aunque presenta esta explicación como una hipótesis preliminar.
El periodista y alpinista Óscar Gogorza, que conoce la zona, recuerda a este periódico que el área es “orográficamente delicada”. “El río Bhote Koshi tiene una depresión fuerte, taludes muy verticales. Es un sitio abonado para las crecidas y riadas”, apunta.
La profesora Liz Stephens, catedrática de Riesgos Climáticos y Resiliencia del Departamento de Meteorología de la Universidad de Reading, afirmó al portal científico Science Media Centre (SMC) que en Nepal y Tíbet, al igual que en muchas otras regiones de alta montaña, estos fenómenos pueden ser consecuencia de “complejas cadenas de peligros, como deslizamientos de tierra, avalanchas e inundaciones provocadas por la rotura de la presa de un lago glaciar”.
La experta agregó que en valles montañosos escarpados, si un deslizamiento acaba bloqueando un río, “esa presa natural acaba cediendo y puede provocar una descarga repentina y devastadora de agua y sedimentos río abajo”.
Respuesta humanitaria
El presidente de Nepal, Ram Chandra Paudel, ha hecho en la red social X un “llamamiento urgente” al Gobierno, partidos políticos, organizaciones sociales, a las fuerzas de seguridad y a la ciudadanía para que redoblen las labores de rescate y asistencia ante la crisis.
El presidente chino, Xi Jinping, ha ordenado movilizar todos los medios disponibles e intensificar la búsqueda de los desaparecidos, atender a los heridos y trasladar a lugares seguros a las personas en zonas de riesgo. También ha reclamado reforzar la vigilancia ante la amenaza de desastres secundarios.
La Embajada española en Nueva Delhi y el Consulado honorario en Nepal dan seguimiento a la situación y están preparados para prestar “toda la asistencia consular necesaria”, afirman fuentes de Exteriores. Otras representaciones diplomáticas han llamado a seguir las instrucciones de las autoridades locales y las recomendaciones oficiales de seguridad.
Desde Ginebra, la Federación Internacional de la Cruz Roja ha informado que destina un millón de euros a Nepal. Y en Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha asegurado que el bloque está “preparado para movilizar ayuda” y ha detallado que el sistema satelital europeo Copernicus ya ha sido activado para ayudar a mapear las áreas afectadas y apoyar la respuesta sobre el terreno.
Desde la zona del desastre, los supervivientes empiezan a relatar cómo vivieron la catástrofe. El jornalero nepalí Bibek Kumal estaba cavando un pozo de letrina en el exterior de una casa recién construida cuando una pared de agua, barro y rocas se abatió sobre él con gran estruendo, arrastrándolo a él y a todo lo que había a su alrededor. Kumal, de 24 años, trabajaba en Bidur, aguas abajo del distrito de Rasuwa, el más afectado, cerca de la frontera nepalí del Himalaya con el Tíbet chino, cuando oyó “un silbido”. Sus cuatro compañeros de trabajo, que se encontraban de pie sobre el foso, de 1,5 metros de profundidad, le gritaron que saliera y corriera. Para cuando logró salir a duras penas del agujero, sus compañeros de trabajo ya habían desaparecido.
“Empecé a correr. Entonces, una pared de agua se abatió sobre mí con un estruendo, como si fuera un terremoto”, contó Kumal a la agencia Reuters desde su cama en el Centro Nacional de Traumatología de Katmandú, con su hermano Dinesh sentado a su lado. La corriente lo arrastró río abajo entre barro y escombros. “Por suerte me quedé atascado en un mango”, explicó. “Si no hubiera estado allí ese mango, me habría arrastrado la corriente y habría muerto”.
